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01/04/2004
En matemáticas, el resultado de dividir cero entre cero es una indeterminación. Ese es el valor que doy a mi vida en el punto actual. Valor indeterminado. Mi formación técnica no me sirve para encontrar un trabajo digno ni para despertar alegrándome de estar vivo, pero ha moldeado mi cerebro de forma que es capaz de cuantificar y parametrizar entes intangibles, deduciendo bonitas fórmulas:
Vida = Resultados / Expectativas
No hay expectativas, luego no hay resultados que correspondan a estas. Podrían conseguirse resultados espontáneos con la influencia del azar, pero no es el caso.
Se me acaba la batería del portail. Siento no poder seguir con mis pajas, metales. De las otras tampoco tengo ganas.
03/04/2004
Hoy ha muerto Alex. Yo, solo yo, le llamaba Alejandro. Pese a ser adoptado a los dos años de edad, consiguió adaptarse a mi familia. Terminó por acostumbrarse a los abrazos estranguladores de mi hermana, a dormir a los pies de la cama de mis padres, a desayunar pan con tomate los domingos, a ser uno más.
Era un perro feliz.
Posiblemente una comida no compatible con su organismo perruno desató una serie de reacciones en cadena que acabaron por destrozarle por dentro. Fué cosa de horas. Su fin llegó sin preaviso, no estabamos preparados a asumir su pérdida siendo tan joven. No se si sufrió. Quiero pensar que un ser que no tiene conciencia de si mismo no teme su propio fin.
No he llorado y no se si la pena que siento es por los llantos de mi madre y mi hermana, por el ambiente funerario que ahora mismo respiro o, quizas, porque echo de menos a ese cabroncete. La imagen del tipo del servicio de recogida, tirando los 35 kilos de carne muerta al maletero de su Citroen Xara tras pasarnos la minuta de 75€ no ayuda a mitigar el dolor, os lo aseguro. Tampoco ayudó el espectáculo de los estertores mortales tras el cese de la respiración, una respiración rápida y entrecortada. Y por supuesto, no va a ayudar nada que el loro que hay en la casa repita continuamente "Alex, ven aqui, guau, guau, guau". Hijo de puta. Podría callarse.
Un animal, era solo un animal.
13/04/2004
Hay un principio en biología por el cual, la inteligencia de un grupo es superior a la suma de las inteligencias de los individuos que la componen. Esto ocurre, por ejemplo, con las hormigas. Una hormiga es un ser estúpido, insignificante, no es ni siquiera capaz de sobrevivir por si sola. Pero junta varios miles de individuos y serán capaces de construir complejas ciudades subterráneas, de fulminar enemigos de tamaño varios órdenes de magnitud superior al suyo, de encontrar el camino óptimo a fuentes de recursos, de crear redes de transporte de alimentos y de competir con éxito por la supremacía sobre el territorio.
Sin embargo, cada una de las hormigas no tiene ni puta idea del orden global de las cosas. Solo se preocupa de ir por ahí dejando rastros químicos y de seguir los que han dejado otras.
El principio de la colmena se puede aplicar al ser humano. Hacemos lo que hacemos tomando decisiones con un número limitado de variables, las que tenemos al alcance de nuestras antenitas. Intentar entender las consecuencias de nuestros aleteos de mariposa sobre el clima en Tokyo no esta a nuestro alcance. Podríamos intentar buscar pequeños planes globales, de hecho hay gente que lo intenta como los sociólogos, economistas, estadistas y algún biólogo chiflado, pero nunca serán capaces de ir más allá de simples leyes macroeconómicas o conclusiones de perogrullo. Nuestra inteligencia de hormiga nuncá será capaz de procesar las ondas cerebrales del hormiguero. Llámalo Dios.
Pero no somos hormigas, ¿verdad?. No se nos pueden aplicar las mismas reglas, somos diferentes por un simple hecho. ¿La inteligencia, el raciocinio, el alma? No señor. Por los líderes.
Las hormigas no tienen líderes, la hormiga reina no manda, no ordena, sólo pone huevos. Una armoniosa y engrasada anarkia hace rodar la maquinaria. Ninguna hormiga de inteligencia mediocre decide el destino de un puñado de millones de compatriotas. Ningún gilipollas dicta un reglamento por el cual si no vas a renovar la cartilla del paro en un único día del calendario (no el día antes ni el día siguiente) te quitan el subsidio durante un mes, o lo que es lo mismo, te multan con 849€ jodiéndote la vida, dejándote sin dinero para comer, sin dinero para pagar los seguros, facturas y cuotas que debes pagar para ser una hormiga de brillante armadura, sin dinero para comprar alcohol con el que poder soportar el ser el ser la hormiga sin casta. Me cago en Dios. (Perdón... en la inteligencia de la colmena)
(Venga, podéis llamarme imbécil en los comentarios por no apuntar en rojo la fecha. Seguro que así me siento mucho mejor)
30/04/2004
Pecando de egocéntrico me ha dado por buscar el título de mi weblog en google. Pero no he encontrado ninguna página porno de zoofilia suicida, en su lugar he descubierto que los chicos de bitácoras.com permiten a sus usuarios hacer comentarios de las webs listadas. En la mía había uno. Un tal David escribía:
HOLA, LA VIDA CON JESUS TODO ES POSIBLE Y HAY PAZ EN LA TORMENTA DE ESTE MUNDO . SIN JESUS NUNCA SERAS FELIZ . UN AMIGO ..PERU
Esta bien que me salgan amigos en Perú y agradezco su apoyo pero leer frases como ésta me trae a la cabeza instintivamente la expresión "lavado de cerebro". No lo digo de forma despectiva y no quiero ofender a los millones de religiosos, sectarios y nacionalistas del sentimiento espiritual del mundo, nada más lejos de mi intención. Porque, de hecho, les envidio.
Envidio la capacidad de otros seres humanos para nublar su sentimiento lógico, porque yo carezco de ella. Soy incapaz de enmascarar mis necesidades tras un velo de dogmas que escapan al raciocinio. No puedo ser feliz pensando que un esquizofrénico que se creía el hijo de un dios omnipotente fue ejecutado por las autoridades hace casi dos milenios para salvarme. ¿Salvarme de que? ¿De donde se han sacado el mantra "Jesús murió para salvarte"? Esa y otras frases las han repetido tantas veces que se han convertido en leyes inmutables de su fe como la de la gravitación universal de Newton lo es en el mundo racional. Hasta ésta se cuestionó y corrigió por Einstein, sin embargo pocas cosas han cambiado desde que un emperador romano se proclamó sumo pontífice (o poseedor de la fe) en el siglo IV inventándose una religión unificada con la que dominar mejor su imperio.
Pero aun así, me gustaría creer, y no puedo. Igual que no puedo sentir emoción por unos colores o una bandera. Me gustaría poder fundirme en un grupo que me dijera que tengo que pensar, como debo actuar. Y no preocuparme por nada. Y ser feliz.
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