
Acabo de beber cerca de un litro de cerveza, rebajada con algo de casera, he engullido un cuarto de queso semi curado, varias rodajas de salchichón y una pizza casera de 4 cm de grosor. Tenía que calmar la ansiedad y solo se me ocurrió desviar el torrente sanguíneo, de la cabeza, al estómago.
Un ruido en el motor me invitaba a detenerme. Inmediatamente después de accionar el intermitente para señalizar la maniobra, el ruido se torna grito. Aparentemente es la correa del aternador. Mustafá, del taller Pepe 24h me cobra 140€ por desmontar el motor y meterlo en una caja, no sin antes descubrir que la correa del alternador se había cargado varias piezas del circuito de distribución. Segundo intento, taller oficial al día siguiente: 125€ por volver a montar las piezas del cajón incluyendo una flamante polea del árbol de levas. Aparco el coche. Dia siguiente. El coche ya no esta aparcado. 152€ en concepto de grúa y 90€ más por estacionar bajo una señal invisible. No importa, la vida es maravillosa. Lunes siguiente: aparcamiento en la zona habitual, con resultado de amputación del retrovisor izquierdo. De puta madre. En casa, enciendo el scanner para mandar una copia de la denuncia de la grua a los abogados de mi seguro. “Error twain: El scanner no esta conectado”, me dice, mientras el susodicho gime “ñiqui, ñiqui, prrrr...”. Odio mi coche.
Hoy es uno de esos días en que me cago en Dios.