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04/05/2004
Melodía agridulceGiré la cabeza y allí estaba ella. Su sonrisa perenne destacaba de entre la multitud y aunque confieso que instantes antes mi vista había recorrido el salón de actos buscando sus facciones, nunca albergué la más mínima esperanza. Mi pulso se aceleró en aquel instante y las palabras del orador dejaron de penetrar por mis oídos.
Sara. Hay pocas personas que hagan honor a su nombre de pila, pero el suyo lo habría adivinado de habérmelo preguntado. Sus ojos dulces y expresivos y su sonrisa sincera me llamaron la atención hace un par de meses en un curso en el que coincidimos. En aquella ocasión la observaba desde el refugio que me ofrecía el anonimato hasta que caí en la trampa con la que tan hábilmente me engaña el cerebro cuando anda falto de ilusión. Terminé por ver miradas furtivas y sonrisas nerviosas que indudablemente catalogué como coqueteo.
En desigual batalla contra mi timidez innata, agravada por la falta absoluta de alcohol, el segundo día de curso me las arreglé para comer en su misma mesa. Ánimo machote, puedes hacerlo. Usa esa capacidad tuya para hacer reír a la gente, a ellas les gusta reír. Haz ver que eres un tipo interesante, educado pero dominante, el macho alfa de la manada. Capté su atención y conversamos de forma fluida. Charlamos largo rato, encontramos que teníamos afinidades y conocidos comunes hasta que escuché el gong que marcaba el final, un gong que sonó algo así como “... mi novio...”. Fatídicas sílabas. Era previsible, pero no por ello dejó de recorrerme una descarga la espina dorsal.
Aquella tarde nos despedimos y tuve la certeza de que jamás volvería a verla.
Acabada la conferencia me dí la vuelta. Allí estaba ella, mirándome y, por supuesto, sonriendo. Me acerqué y la saludé. Venía sola. Intercambiamos unas palabras y ambos nos esforzamos por recordar datos sobre otro. Se acordaba de mi y de lo que le había contado aquella vez, aunque no de mi nombre. El gong tocó de nuevo, pero esta vez algo más flojo, porque esta vez, estaba prevenido. Hasta otra Sara, cuidate.
Volviendo a casa sonaban los “Dire Straits”.
...and is your face I'm looking for on every street...
05/05/2004
¿Estúpida existencia?Algien con el apodo "Prouztal" escribió el texto que a continuación expongo. Interesante teoría sobre el sentido del arte:
"Pensando he llegado a la conclusión de que la naturaleza debe ser estúpida. Resulta que dota a todos los seres vivos de las herramientas necesarias para sobrevivir y llevar a cabo una existencia placentera y a nosotros los humanos, que al parecer somos lo más de la creación, nos da una demasiado grande e incontrolable: el cerebro. Tenemos la posibilidad de hacer lo que otros seres no hacen, pensar acerca de nosotros mismos, decidir por encima de los instintos, pero nuestro cerebro se empeña en pedirnos más y más, nos pide lograr algún tipo de equilibrio existencial que se parezca a la perfección. ¿Es esto posible?, puede que sí, pero me doy cuenta de que nunca está tranquilo, que sigue pidiendo cosas, y que de llegar a ese estado idílico de felicidad, reacciona rebelándose contra él y fabrica miedo, miedo a perderlo todo. ¿Qué coño quiere esta masa de células grises?. Me doy cuenta de que al final todo se reduce a dominar al caballo desbocado que es el raciocinio, y al igual que en ocasiones decido comer menos, a veces decido pensar menos, que se joda, que le demande estímulos a la puta naturaleza que lo fabricó, yo soy una víctima, pero me convertiré en verdugo para manejarlo a mi antojo. Sublimaré todas sus demandas y las convertiré en arte, de ese modo acabará totalmente despistado, porque el cerebro no puede procesar el arte del mismo modo que procesa el resto de cosas, y sé que en algún nivel de inconsciencia habla con la naturaleza y le pregunta totalmente desesperado: ¿Por qué estos estúpidos humanos hacen cosas que no sirven para nada?, y la naturaleza, que es mucho más sabia que mi cerebro le contesta: Porque empiezan a dominarte."
10/05/2004
Hoy no tengo nada que contarHoy no he llegado a ninguna conclusión sobre la vida o la muerte, ni siquiera he pensado en ello. El día no es lo suficientemente gris ni el sol lo bastante radiante como para influir en mi estado de ánimo de manera significativa. Los acontecimientos de estos días pasados se han sucedido de forma tal que la suma de sus efectos, unos positivos, otros negativos, aporta un valor nulo a mi creatividad. Es un día plano.
Pero escribo. Escribo porque en su día tomé la decisión de no desactivar la característica de “comentarios” para quizas de esta manera permitir la realimentación (o “feedback” que dicen lo guirs), o quizas para ver hasta que punto soy un bicho raro. Si fue acertada, aún no lo sé. Pero el saber que ahora mismo hay un par de pupilas siguiendo esta línea de izquierda a derecha, me anima a continuar (escribiendo, no viviendo, no os hagáis ilusiones). Procuraré ser fiel a mi mismo y no caer en eufemismos ni en lo políticamente correcto, no fijar un mínimo de calidad ni una línea de artículos. Quiero decir puta cuando me salga del alma y no tener que dar explicaciones y decir lo que siento, cuando lo sienta, aun a riesgo de que me cataloguen. Porque tan solo soy un apodo en una página de fondo negro, y me lo puedo permitir.
No me apetecía escribir, pero habéis obligado. Y lo he hecho sobrio. Muy mal.
12/05/2004
18/05/2004
Impar".... Es primavera, pensó él.
[...] había pensado lo mismo en otoño, cuando las hojas secas subrayan la condición de la soledad, y en invierno, cuando los neones de colores y los papeles subrayan la condición de la soledad, y en verano, cuando los coches cargados de maletas y las tardes sin siesta subrayan la condición de la soledad. Pero ahora es primavera, y el aire se estrena a si mismo cada mañana, y los parques huelen a hierba recién cortada, y la noche se repliega, acobardada por las aceras llenas de terrazas.
[...] No lo decía en voz alta para no defraudar a los demás, su hermano, sus cuñados, sus compañeros de trabajo, emparejados desde hace muchos años, con novia, con hijos, con divorcios, con mas hijos, con hipotecas, con letras, con el agobio de comprar algo especial en navidad, cuando él no tenía a nadie a quien regalar, con el agobio de elegir un lugar donde pasar las vacaciones, cuando él se quedaba en casa porque le daba vergüenza viajar solo, con el agobio de sobrevivir a la avalancha de facturas del mes de septiembre, cuando para él empezaba un mes igual que todos los demás. Tú si que vives bien, le decían todos, y él se callaba. Llevaba mucho tiempo callado, pero ahora es primavera. Fue eso lo que pensó.
[...] No es alto ni bajo, ni guapo ni feo, ni gordo ni delgado, un hombre normal, de aspecto normal, con un carácter y una personalidad que no bastan para explicar por qué esta solo, por qué siempre ha estado solo, por qué a él no le salen los trucos que les funcionan a los demás, darle fuego a una desconocida en la barra de un bar, invitar a comer a una chica de la oficina, pegar la hebra con cualquiera de las mujeres que ve cada día en el metro, en el barrio, en el bar donde desayuna todas las mañanas. Hay algo más, algo que él no entiende, algo que ni siquiera sabría explicar...”
Almudena Grandes. El País Semanal, 16 de Mayo de 2004
Al final de la historia, el tipo se encuentra con su alma gemela y la caga, deja pasar el tren, como siempre hizo y siempre hará. Porque es un grano en el culo de su propia vida y morirá de sobredosis de pajas. ¿Por qué nadie me dijo donde se compran los billetes, por qué nadie me enseñó a amar?
21/05/2004
SalirHacía mucho que no lo hacía. Meses. No es que lo echara de menos, la verdad. Nunca lo he entendido: Alcohol, oscuridad, ruido, movimiento, presas, caza, trofeo. Bueno, entenderlo, lo entiendo. Los machos se ven forzados a seguir sus instintos, a practicar la poligamia propia de todas las especies animales en las que el macho es de mayor envergadura que la hembra. Lo cierto es que a mi nunca me ha funcionado, que se le va a hacer.
Pido mi copa y observo, es lo único que se hacer. Ellas, entre risas, se mueven al son de la música machacona, ligeras de ropa y en manadas de amigas. Ellos, con cara de malotes se mueven algo más torpemente y miran descaradamente hacia ciertas partes erógenas de elllas. De vez en cuando, alguno de los machos hace una incursión. Si tiene suerte conseguirá averiguar el nombre de la rubita de culo respingón. Uno de sus amigos se acerca por si pudiera disfrutar de los restos. Dependiendo de la habilidad, el grado de alcoholemia de ambos contendientes y del físico, las probabilidades de éxito varían entre el “lárgate, gilipollas” y la lengua hasta el esófago, pasando por el intercambio de teléfonos y los restregones de cebolleta. Yo, sujeto la barra, no se vaya a caer, saboreo con paciencia infinita el vaso de tubo.
En mi estómago parece ser que se ha formado una masa poco saludable. Las cervezas, las tostas de queso de Brie y aguacate, el zumo de tomate aliñado y el de piña de bote forman un coctel bastante molesto. De todas formas, ni la más exquisita comida macrobiótica habría mejorado la situación.
A eso de las 3 una sonrisa estúpida cruza mi cara. Que más da que esté solo entre la multitud, que más da que no encaje en aquel sitio: suenan los hombres G, recordándome un tiempo pasado que siempre fue mejor, cuando mi máxima preocupación era llegar a tiempo a casa para ver Barrio Sésamo. Por un momento olvidé mis necesidades vitales y mi inutilidad para satisfacerlas. Son los hombres G, les hice un playback en una función del colegio, joder.
Vuelvo a casa, rezando por no encontrar a la benemérita en la rotonda. No es que haya bebido mucho, pero seguro que doy. Al llegar, un mensaje en el buzón. Una sonrisa.
25/05/2004
Eterno retornoEn los átomos, los electrones dan vueltas alrededor del núcleo, al igual que la luna alrededor de la tierra, ésta del Sol y la estrella del centro de la vía láctea. El movimiento es continuo e incansable. Si cesara, los satélites bailones caerían sobre su eje de rotación, dejando de existir como tales, serían engullidos y perderían su identidad. El movimiento monótono es la base de la existencia desde niveles atómicos hasta escala galáctica, que, por otra parte, es lo único que entra en nuestro escaso rango de visión y análisis. Incluso, si exprimo el razonamiento, las partículas subatómicas vibran de energía y el universo, probablemente, sigue un ciclo infinito de big-bang, big-crunch, expansión y contracción.
Yo me encuentro a medio camino entre el quark y la Vía Láctea. Haciendo un simple ejercicio de interpolación, la razón de mi existencia debería ser la oscilación continua. Y que es eso si no la rutina. La rutina es la mano que debería dar cuerda a mi caja de música. Bailar en círculos, con tu tú de burda tela, sobre un espejo, mientras suena el lago de los cisnes, unido al mecanismo relojero por un pequeño imán... no es tan mal destino.
Y es eso lo que me falta: monotonía, actos repetitivos, levantarme por la mañana con la certeza de cual va a ser mi destino en el día entrante, que, casualmente, será el mismo que ayer y el mismo que mañana. No hay que pensar, solo actuar en base a la experiencia. Si a Dustin Hoffman le funcionaba en RainMan, a mi también. Quiero mis tortitas. Por la mañana siempre tomo tortitas.
29/05/2004
GüiquendEl viernes llegó sin avisar. La semana duró un suspiro, empujándome hacia el abismo de los dos días fatídicos. Mi masa encefálica lo presentía, el reloj biológico hacía tic-tac antes de detonar el dolor de cabeza que sufro. Durante las próximas 48 horas deberé abandonar la cómoda soledad acompañada que hace soportable mi respiración para sumergirme en el terrible esfuerzo que para mi representa el aparentar ser persona. Con un poco de suerte saldrá el sol. INEMY salió el sol. E intenté ser persona, e intenté convivir con mis congéneres, y mis congéneres me atacaron. No se si alguno ha tenido alguna vez un acuario. Los peces sanos atacan a los enfermos: si uno tiene una herida, sus compañeros de cubículo le atacan hasta devorarlo. Pues eso me ha pasado. Tengo muchas heridas, múltiples yagas por las que sangro, y me han mordido en una de ellas, con crueldad, hasta mi extinción.
He intentado defenderme, sé que mi coeficiente intelectual debería servirme como base para defender mis argumentos, pero en un debate, no siempre triunfa la razón. Solo hay que ver Salsa Rosa.
No tengo trabajo: vale. Y quizás podría conseguirlo: vale. Pero tengo principios, no quiero prostituirme, no quiero bajarme los pantalones y permitir que me enculen, porque no quiero, no lo necesito y no me sale de los cojones. Tengo una carrera, tengo experiencia y tengo capacidad intelectual más que suficiente para desempeñar cualquier labor dentro de mi campo. Y no quiero ser reponedor del Mercadona. ¿Es eso tan grave? ¿No puedo tener principios? ¿Acaso no puedo exigir que se me valore como trabajador? ¡Joder! No pido tanto. Solo quiero se me pague lo que valgo, quizás algo menos.
“Yo si no tuviera trabajo trabajaría en lo que fuera” Eso dicen y eso es lo que decía yo cuando si tenía trabajo. Pero no es cierto: Maribel Verdú no va a trabajar de payaso en fiesta infantiles, Felipe Gonzalez no va a meterse a maestro de escuela, Carlos Sainz no va a aparcar coches de choque… entonces, ¿por que coño tengo yo que trabar por un sueldo la mitad del que estaba cobrando, trabajando más horas y en un ambiente estresante? ¡No me sale de los cojones! Yo valgo más, ¿es eso tan difícil de entender? ¿Tan mal valorado esta tener principios en este país?
Así se pudran todos.
30/05/2004
Fauna interiorAlgún día debería dejar de huir, sobre todo si al mirar atrás mi enemigo no lo parece tanto, si el deseo de ser alcanzado por mi némesis es tanto más fuerte que el instinto que me empuja a esconderme de él. Zigzagueo, hago quiebros con la precisión milimétrica que he alcanzado tras años de experiencia, para confundir al contrario, esperando que desista. Yo soy más rápido, podría dejarlo atrás, pero no quiero, en el fondo, muy en el fondo de mi ser deseo ser alcanzado, porque yo debería ser el depredador y no la presa.
Escucho su respiración, percibo su perfume afrutado, siento el palpitar de su corazón. Yo, inmóvil, dudo.
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